maquillando intenciones

 

Un par de días antes fui a un curso sobre Fernando Pessoa. No había vacante (era con inscripción previa), pero conseguí pasar. En realidad, fui hasta el Señor de Seguridad y le dije: “Señor de seguridad quiero ir a la oficina de prensa”. El Señor de Seguridad me pidió la acreditación. Le expliqué: “Señor de seguridad, si quiero ir a la oficina de prensa es, justamente, para que me acrediten”. “Claro -me dijo el Señor de Seguridad- pero la oficina de prensa está adentro de la Feria y no puede usted pasar sin acreditación…” “¡Qué problema! –insistí- que tenga que estar uno acreditado para que lo acrediten, verdad señor de seguridad?…” Ante el silencio como toda respuesta, agregué: “¿Y si le muestro mi credencial, usted me deja pasar?” “Bueno”, contestó Señor de Seguridad. Entonces le mostré mis credenciales, unas veinte aproximadamente. “Pase, pase”, se apresuró impresionado ante semejante despliegue.
Pocos pasos después estaba en la oficina de prensa. Inmediatamente la Señora de Prensa 1 me hizo una credencial que me autoriza a pasar a todos lados, todos los días, todas las veces que quiera (como los pases de los parques de diversiones). Me dijo que le sonaba mi apellido. “Claro –respondí- mi apellido suena bien”. La Señora de Prensa 1 me hizo algunas preguntas para asegurarse de que yo era periodista. De manera que tuve que demostrar cierto interés y formulé: “¿Qué comunicado emitió la Feria respecto de la presentación del libro “Vale todo. Biografía no autorizada de Daniel Hadad” que se suspendió hoy por presión del señor Hadad?” Ahí, la Señora de Prensa 1 (y la Señora de Prensa 2 y hasta la Señora de Prensa 3) me dio todas las explicaciones del caso y me llenó de papeles, diarios de la Feria, concursos, encuestas, formularios, cupones y papeluchos. Además me aseguró que a lo de Pessoa podía ir “¡Cómo no!”.
Me indicaron que hablara con una tal Norma. Le dije a Norma: “Hola Norma”. Norma estaba superada por la circunstancias. Había treinta personas más de las que entraban en la sala, ya era la hora de comenzar, debían dejar la sala puntualmente porque llegaba ¡Fernando Savater! Por si fuera poco unas señoras, amantes de Pessoa, pero sin cupo, la estaban volviendo loca. Así que repetí: “Hola Norma”, le mostré la credencial, le pregunté si tenía que hacer la cola (¡por Dios con las colas en la Feria del Libro!) y me dijo que no, que esperara AHÍ. Al decir AHÍ señaló al Otro señor de Seguridad. El Otro Señor de Seguridad me miró como diciendo: “Ni se te ocurra sentarte en mi banquito”. Y yo lo miré como contestando: “Jamás se me hubiera ocurrido semejante insolencia”. Norma me abandonó en la frontera entra la sala y la cola. Cuando me cansé de esperar paradita adelante del banquito del Otro Señor de Seguridad, banquito que no usábamos ni el Otro Señor de Seguridad, ni yo, le dije a Norma: “Norma no entiendo porque si la Señora 1 de Prensa, me dijo que podía pasar sin problemas tengo que esperar que vos termines con toda esta fila de problemas para pasar”. Resopló, pobre Norma, y le dijo al Otro Señor de Seguridad que me ubicara. El Otro Señor de Seguridad, me ubicó. Chocho, el Otro Señor de Seguridad, porque volvía a tener su banquito a salvo.
Minutos después llegó el Señor Especialista en Pessoa. Lo llamaremos Santiago K.
Santiago K sabe bastante, pero cree que la manera de demostrarlo es repitiendo treinta veces que la traducción de la obra de Pessoa está en sus manos, que fue a Lisboa, que conoció a la hermana de Fer, que tomó el té con la sobrina preferida (¿de Pessoa o habrá sido con su sobrina preferida?), que vio el baúl con los manuscritos … Sin embargo, lo más interesante de Santiago K es que tiene secretaria.
Creo que Santiago K podría vivir perfectamente de su escritura y no depender de que hayan existido Pessoas para subsistir (Pessoas que de ninguna manera, nunca jamás, tuvieron secretaria o al menos Santiago K no las entrevistó en Lisboa), lo que no podría, seguramente en ese caso Santiago K, sería tener secretaria.
Sobre el final, acaso para justificar la presencia de su bonita secretaria, pidió que le dejáramos nuestros datos a ella para cuando él dicte un seminario sobre Pessoa en la Embajada de Portugal. Todos desesperados haciendo cola (porque la gente va a la Feria a hacer cola) * para dejar sus datos.
Tomé un trozo de papel. Anoté nombre, teléfono y dirección de correo electrónico. Recordé que la secretaria se llamaba de algún modo que ahora no recuerdo. Pero suponte que se llamaba Irene. .. Le dije: “Irene, tomá , te dejó los datos de mi jefa que se tuvo que ir a lo de Savater, te sirve así?” “Claro” -me dijo Irene o como se llame- y me fui.
Mentira que a lo de Savater y sus mandamientos, decidí mirar de qué iba una mesa redonda intitulada: “Los recitales de poesía ¿nos invaden?” Si algo puede ser más insólito que ésta pregunta, fueron las respuestas. Sólo Susana Giménez me divierte así.
Pero lo de la mesa de poetas en contra de estar participando en una mesa que sugiere que los recitales de poesía nos invaden, te lo cuento otro día.
Y lo de Susana, no lo cuento porque no me lo creerías.
Aquí te preguntarás: ¿Qué tiene que ver Susana Giménez con la Feria del libro?
Susana no tiene nada que ver con la Feria del Libro. Lo mismo que Magdalena Ruiz Guiñazú. Igual que Teté Coustarot, Loreal París o Mariana Arias.
¡Ah, bueno! ¿Tampoco sabes quién es Mariana Arias? No me queda tiempo, otro día te explico, pero fue participante de la mesa redonda: “La sociología del maquillaje. El mundo ha puesto al maquillaje como una herramienta que desde la moda ha ido ocupando un ámbito social generando diversos espacios de pertenencia para las mujeres”. Te lo juro. Hubo una mesa redonda en la Sala Victoria Ocampo, numerada como el acto número 269 de la 30 a Feria Internacional de Buenos Aires El Libro del Autor al Lector que llevó ese título.

 

 
     
   
 
santo de mi devoción

 

Qué raro que entre tanta sobre exposición de autoayuda, no haya andado Jorge Bucay conferenciando en la Feria (y eso que se postula como el autor de mayor venta de esta Feria también, según ya se atreven a augurar sus editores). ¿Sabés por qué nos salvamos? Porque lo padecieron los catalanes en una propuesta parecida que hacen ellos, pero conmemorando el día de Sant Jordi, patrono de Cataluña. Los catalanes pasean por la Rambla ese día comprando libros y flores. Es tradición que los nenes le regalan flores a las nenas y las nenas le obsequian libros a los nenes. Y ahí estaba Don Bucay, firmando ejemplares de sus libros. Gracias, Sant Jordi.

 
     
   
 
¡a la cola!

A veces creo que la gente va a la Feria del Libro para hacer colas, formar fila, sostener hileras y tomar distancia. La gente hace cola para todo. Para que le firmen los libros: “Ray Bradbury estuvo más de tres horas firmando en el stand, fue el que más libros firmó”, dice orgullosa Marta Díaz … Cola para tomar Fernet Branca, cola para escuchar coros diversos, cola para ver a China Zorrilla presentando el libro: “¿Se puede ser feliz después de los 60?”, de Esteban Mirol. Paréntesis: ¿se puede ser feliz después de los 60 qué? ¿Años?, ¿60 minutos de cola?, ¿60 ferias? ¿Después de que 60 se podrá ser feliz? A mi me puso muy feliz, por ejemplo, el 60 Ramal Escobar que me alejó de la Feria.
Sigo con las colas. La gente hace cola para comprar una gaseosa a $1,50. $1,50 la gaseosa que en cualquier quiosco caro te venden a $1, pero que en la Feria te cobran $1,50 siempre y cuando tengas los $0,50. Caso contrario o la gaseosa te saldrá $2 o te quedarás sin gaseosa. Cola para el choripán a$3 .
Cola para navegar por Internet. Hay un sector denominado: Lugar para jóvenes que tiene unas 50 computadoras, última generación, auspiciada por un megalocal de informática. El precio para entrar, además de ser joven, es leer una serie de condiciones que tienen apuntadas en la puerta del Lugar para jóvenes. Allí dice que te dejan navegar gratis pero si: no chequeas correo electrónico, no consultas páginas de dudoso valor moral, no chateas, no jugás en Red, no comes, no tomas, no fumas, no bajas música, no utilizas disquetes, ni CD para bajar programas… Son tantas las cosas que NO podés hacer para poder navegar que preferís no volver a ver una computadora por el resto de la vida. O por el resto de la Feria, que a esta altura te parece que es lo mismo.
Cola a la intemperie para ver una película en tres dimensiones. Como si el 3D se hubiera inventado hoy. Hace tres décadas que vemos películas 3D. Yo me vi “Tiburón” a los 8 años, lo recuerdo perfectamente. Pero la gente ve la cola y se mete.
Cola para lo que te imagines. Imagina un centro de información bibliográfica. Hay centro de información bibliográfica en la Feria: cola para consultar la bibliografía. Imagina un centro de informes generales en la Feria. Hay centro de informaciones generales en la Feria. Cola para cualquier información general o particular que quieras conseguir (y no conseguirás, como corresponde). Imagina una boletería para pagar $3 la entrada para la Feria. Hay cola para pagar los $3 (tres cuadras durante el sábado 1ro de mayo). Imagina cola para comprar un helado en un quiosco dentro de la Feria. Hay cola para comprar el helado. Imagina cola para escuchar a Osvaldo Bayer presentando su libro “Los anarquistas y los expropiadodores”. Hay cola.
Qué bueno que haya cola para cierta buena causa. ¿Pero no será mucho esperar una hora para entrar a la presentación d e un libro? Al respecto se me ocurre buena una reflexión del esloveno Slavoj Zizek en la conferencia que dio el sábado en una sala Victoria Ocampo dónde falló la organización y el desborde de público , que debió ser esperado, pues sus anteriores conferencias en Buenos Aires fueron colmadas, dijo: “Se me ocurre que también deberían existir piqueteros culturales. Gente que venga aquí y con un piquete paralice este ir y venir de gente que no sabe para qué viene, ni de qué va, pero que no quiere dejar de hacer lo mismo de siempre…”
Imagina un puesto donde te dan un regalo si gastaste $30 con determinada tarjeta de crédito. ¡Ole! Acá no hay cola. La gente que va a la Feria A) No prefiere Diners, B) No gasta $30, C) ¿Quién quiere una pizarra tamaño pequeño con dos imanes de la Feria del Libro (ese es el generoso obsequio por tu aporte a la cultura)?