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Un balcón para asomarse de vez en cuando a la realidad y refrescar las ideas que suelen apelmazarse en el reiterado paisaje interior.

El balcón

 

 

 

Levantaron el programa de Guillermo Saavedra en FM La Isla

A todos les gusta darse el banquete pero de buenas a primeras el poder y la gloria dice basta y nadie se hace cargo ni de las migas.

Así es, sin pena y con Gloria Lecube que no quiso saber nada de invertir por amor al arte, finaliza un programa cultural que además de la reconocida solvencia de su hacedor ostentaba el mérito de no tener que rendir cuentas a nadie. Un clásico de los sábados que supo convocar a intelectuales de talla, confiados en la seriedad y el cuidado que caracterizaban sus presentaciones. No es un tema nuevo, todos sabemos la fragilidad de cualquier emprendimiento cultural que no se autofinancia, que a nadie le interesa sponsorear cultura a menos que rinda dividendos, que para que la cultura rinda dividendos hay que trampear y manipular la opinión pública hacia donde conviene a intereses económicos y o políticos, a nadie se le escapa esa realidad ni siquiera las atendibles razones de cualquier empresa que pretende desarrollo y rentabilidad, pero también es una realidad que el banquete se había ganado un sólido lugar a través de los años y a nadie se le mueve un pelo. 

 
   

Guillermo Saavedra

Guillermo Saavedra (Buenos Aires, 1960). Poeta, editor, crítico de literatura y teatro y periodista cultural. Ha sido editor de los suplementos culturales de La Razón y Clarín, corresponsal del suplemento cultural de El País, de Montevideo, y uno de los directores de la revista Babel, además de colaborador de numerosos diarios y revistas argentinos y extranjeros. Desde mayo de 1997 conduce el programa radial de cultura El Banquete.

Entrevista de Ingrid Proietto
   

 

 

III Congreso Internacional de la Lengua Española

La lengua: El deporte de los reyes

Acaba de concluir la tercera edición del Congreso de la Lengua Española con sede en la ciudad de Rosario, Argentina

En perfecto castellano: enrollaron la alfombra roja y se fueron

Carlos Fuentes:

"Nuestra literatura, la que celebramos en este gran Congreso argentino, proclama que la libertad no puede ser ajena a la creación de un mundo lingüístico. Todo lenguaje ilumina otro lenguaje y le da accesibilidad, permanencia y actualidad."

"La predominancia del castellano desde Alaska –Puerto Valdés– hasta Patagonia –Puerto Santa Cruz– no determinó el exterminio de las lenguas amerindias. Del navajo en Arizona al guaraní en Paraguay, el lenguaje amerindio de enigmas, figuras y alegorías –como lo llama el Libro de las Pruebas de Yucatán– sobrevivió hablado hasta el día de hoy por más de veinte millones de seres humanos."

 
     
 

Los sueños, sueños son

Andrés Rivera habla de las "no políticas culturales"

Andrés Rivera

Entre los narradores más destacados de nuestro tiempo, el autor de la “Revolución es un sueño eterno” habla del imperio de la burocracia estatal y la desvalorización de la cultura. De conocido desapego a los eufemismos, marca la responsabilidad que cabe a la sociedad y a los intelectuales.  "No se trata sólo de soñar, se trata de trabajar."

foto: gentileza de Claudio A.Carrizo

 

 

 

  BIBLIOTECA NACIONAL: una aproximación a Tlön

 ¿enigma metafísico? ¿aporía eleática?

¿Quién le teme a Horacio González?

Horacio González

Entrevista al intelectual piquetero que aceptó  -tenía la moral mal custodiada- el desafío de la Biblioteca Nacional.

 

 

 

 La feria de las vanidades

Como su más ajustada metáfora, el título de la recordada novela de William Thackeray sirve de inmejorable introducción a la realidad de la Feria del Libro sondeada desde el balcón por la lúcida mirada de Ingrid Proietto. Clarito y sin tapujos, el evento ejemplar de nuestra actividad literaria acentúa año tras año su tendencia a desdibujarse.

La supuesta plataforma del libro argentino que, entre los más caros objetivos de su existencia, contaba con el de propiciar un acercamiento a la obra de nuestros escritores, hoy sucumbe a los intereses de sus sponsors económicos y políticos. Un “mal necesario” que hizo metástasis y avanza dictaminando con inspiración tendenciosa sobre la cultura.

El interés por la obra literaria queda así suscripto a valoraciones espurias y la participación del escritor a las concesiones que pueda hacer en favor de este frívolo escenario o, lo que es peor, a consentir que lo utilicen como reclame publicitario.

 

La Feria y sus avatares

maquillando intenciones

santo de mi devoción

¡a la cola!

CULTURA: ¿Con qué se come?

Introducción a la nota

Íbamos mal y seguimos peor. Las políticas culturales vienen cocinándose en un fondo de consabida pobreza para darle de comer a los quinteros que no trabajan si no le ven la pata a la sota, sabiamente condimentadas por una diversidad de especies ideológicas que imprimen su sabor nostálgico y sueñan con revindicar viejos anhelos. Sólo pour la galerie, la mano derecha se lava sola y usa la izquierda para la foto. Un guisado provocador de nuestro tristemente famoso enfant terrible que decretando “todo vale” abrió las compuertas y se ríe de la confusión. Estrategia mucho más fácil que sentarse a pensar lineamientos procedentes y conducentes hacia los objetivos naturales de una cartera vital para la nación. Mientras proliferan los discursos en favor del libro, por el rescate de la Biblioteca Nacional o la conducción del Fondo Nacional de las Artes, no hay quien se ocupe de dignificar al artista, proteger sus derechos y restablecer valores elementales. Infinidad de libros en las bibliotecas, bastiones culturales donde se pretende atesorar la metáfora del país, son producto y testimonio del abuso deshonesto del escritor y su producción. ¿Cómo es posible una cultura basada en el avasallamiento de sus legítimos representantes? La mente se enturbia, la expresión se modera, la creación vive amenazada por la supervivencia y cede a su imperativo, hoy nadie se suicida ni quiere terminar sus días en la indigencia, seamos claros, los héroes clásicos se inmolaban por el arte, no para darle de comer al mercado. Nos inundan los clisés del facilismo y la venta segura, promovidos por el mercado que, expresa y paralelamente, somete a la oscuridad toda producción que no se avenga a la fórmula exigida, sin voluntad ni compromiso de estimular y sostener de alguna manera equitativa —algo que no es imposible— nuestros verdaderos valores culturales.

Raquel Heffes