Entrevista a Guillermo Saavedra

Por Ingrid Proietto

 

Estoy muy apenado porque teníamos con la radio un acuerdo explícito que la radio empezó a cuestionar por razones que son obviamente las de cualquier empresa que necesita una recaudación para sobrevivir. De algún modo es más que razonable que la radio pida algo a cambio, lo que pasa es que cuando la radio era mucho más pequeña, cuando tenía unas instalaciones muy precarias, en la calle Junín, en un departamento de dos ambientes donde era bastante difícil muchas veces llevar a algunos invitados porque veían el lugar y se querían ir, donde de pronto el micrófono se caía del techo y quedaba sobre la mesa y en ese contexto yo llevé a Juan José Saer, a Gusmán, a Andrés Rivera, a Gianuzzi y cuando la radio pasa a un espacio más cómodo, me parece que la directora se olvidó de ese pasado y de todo lo que nosotros colaboramos para que esta radio existiera, claro que durante ese tiempo la radio no me cobraba el espacio, ni me exigía que yo tuviera publicidad.  Entiendo que no es fácil en una radio no estatal mantener esas condiciones de trabajo, tengo muchísimas entradas en el mundo de la cultura, espacios que están atravesados por el toma y daca de los intereses comerciales. Trabajar en editoriales o para editoriales, en este momento para el Estado, trabajar para el centro cultural de España… quería que la radio siguiese siendo un espacio sin ningún condicionamiento de esta naturaleza, yo lo que les proponía era acompañar (…) convengamos que no es radio Continental o radio 10, es una radio que sigue siendo muy pequeña, con una sintonía muy limitada que no llega a toda la ciudad de Buenos Aires. Incluso queriendo, es muy difícil ponerse a vender publicidad para un programa de cultura que, encima, no es que sea elitista, pero expulsa espontáneamente a un montón de gente porque no trabajo sobre la actualidad inmediata, no me interesan los libros más masivos necesariamente aunque tampoco soy de sacar algo que es de mi interés porque lo sea, he trabajado con autores de mucho reconocimiento porque había una conexión personal con la producción intelectual, cultural, artística de esa persona tanto sea un escritor, un músico, un artista…. Entonces en la medida que la radio seguía teniendo como aún hoy sigue teniendo más que hace un año, grandes huecos en la programación, lo que yo les propuse era continuar con el espacio de esta manera en tanto ellos no me demostraran, no me notificaran que el espacio que yo estaba ocupando sin publicidad ustedes lo necesitaran para poner otra cosa que sí les diera dinero. La radio aceptó mi propuesta durante menos de un año y después empezaron las presiones y el maltrato. El programa se levantó a principios de mayo cuando toda la programación de sábado y domingo es música grabada por lo cual no sé cuál es el beneficio para ella (ella es Gloria López Lecube) con lo cual para mi es mucho más difícil en este momento conseguir publicidad, eventualmente, con el programa levantado que con el programa en el aire. Y para ellos es más empobrecedor poder decirle a sus oyentes y posibles anunciantes qué tiene usted los domingos a la tarde y un operador que pasa música grabada o repite un refrito del programa de Gloria López Lecube.

 

— Entonces la decisión de levantarte el programa excede lo comercial…

— Creo que hay una cuestión de orgullo, creo que tiene una personalidad difícil y que ella se propuso a sí misma darme un ultimátum y le costaba mucho retroceder respecto de ese plazo que había dado para tener una actitud más flexible, incluso para un proyecto de esta naturaleza, para el tipo de radio que ella dice que quiere hacer, me parece que hay que ser más creativo, más flexible, más tolerante.

 

Es raro porque aunque no le diera dinero, tu espacio le daba prestigio.

— No soy la persona más indicada para decirlo, me parece modestamente que sí y de hecho apostó a eso durante mucho tiempo y ahora el prestigio no le alcanza y yo la entiendo, pero hubo un episodio muy grave el año pasado y fue que yo después de tener el programa los sábados durante siete años, ella contrata a Osvaldo Quiroga y lo pone en mi lugar sin avisarme y habiéndole avisado durante la semana a los oyentes, por lo cual yo durante los últimos sábado que hice el programa me entero por mis oyentes que mi programa no iba más. Y gracias a que yo le doy a entender que si ella me expulsa de esa manera, sin pre aviso, enterándome de la peor manera, por mis propios oyentes, iba a tomar medidas al respecto y entonces ella retrocede y me ofrece el horario de los domingos que para mí ya fue un perjuicio porque los oyentes estaban muy acostumbrados al horario.

Yo acepto, hago de tripas corazón, acepto porque me interesa preservar el espacio, sigo un año más, pero ya con ese antecedente grave. No puede la directora de una radio o la productora no tener la delicadeza de avisarte que el programa va a ser levantado o se va a poner en consideración o cambiar de día, con lo cual el episodio fue muy grave, yo lo dejé pasar porque, bueno, ella se desdijo, se disculpó, pero luego durante todo este verano que pasó, la presión y la manera de decirme que yo modificara la situación y consiguiera anunciantes, sin ofrecerme nada a cambio… La radio tiene graves problemas técnicos, donde a veces se hace muy difícil trabajar, un edificio muy lujoso pero con grandes desinteligencias, durante muchos domingos de este y de otros veranos tuve que trabajar sin aire acondicionado con el perjuicio para mí y los invitados; sin comunicación con mi productora porque el sistema colapsaba, cosas que ya a esta altura son básicas.

Entonces, prestación 0,5; exigencia cien por cien. Me duele que todo sea así, yo hago el programa a la antigua, es un programa hecho a medida, de manera que no se me caían los anillos por tener que hacer el programa con todas esas dificultades, pero entonces que se adapten las exigencias de la radio a esas prestaciones que eran muy pobres, que no me vengan a hablar de marketing, o proyectos comerciales o mayor agresividad con los avisadores cuando a mi la palabra agresividad no entra en mi manera de pensar. Si el programa se llama El Banquete porque es un lugar de espontaneidad, no es un programa que sale a perseguir ni invitados, ni intelectuales, ni avisadores. Si ese formato a la radio no le va bien, yo invito a la radio a que de todas maneras lo piense porque me parece que le sigue conviniendo en la medida que no tiene otra cosa a cambio. Intento reemplazarme con Quiroga y le salió muy mal porque Quiroga tiene otras aspiraciones, pretende vivir de lo que hace en la radio y duró menos de un año.

Ante el levantamiento del programa tuvo una repercusión de más de 200 personas que mandaron e-mail y cartas y llamados, entre los que se encuentran nombres como Belgrano R, Rivera, Beatriz Sarlo, Horacio González, Liviana Herrero, editores que se solidarizaron. Hasta ahora yo le he  hecho llegar estas cartas con un pedido de reconsiderar la situación y lo que recibí como respuesta es cuándo iba a pasar a buscar las cosas que yo tengo en un locker. SON MUY GROSEROS, realmente a  mí me interesaba conservar un espacio por no tener que salir a buscar otra radio, pero bueno creo que ya está todo muy claro.