La lengua:

el deporte de los reyes

Nota de Ingrid Proietto 

Del Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española, del que participaron 22 academias de letras hispanas más otros tantos prestigiosos organismos como el Instituto Cervantes y la mismísima Real Academia Española, sobre la cual hemos jurado más veces que sobre los Santos Evangelios, las cuestiones más resonantes fueron:


1) La ponencia del Negro Fontanarrosa.


2) El protocolo que le rompió, con todo respeto, nuestro presidente, Néstor Kirchner, a vuestro rey Juan Carlos y la reverendísima reina Sofía, llegando dos horas más tarde a la cita.


3) Lo preparados que estamos para la pirotecnia y los fuegos artificiales que han sido una fiesta digna del primer mundo…

 

Esto deja en evidencia que no surgieron cuestiones muy serias del mediático congreso internacional. Transmitido en directo, diferido y por repetidoras varias, sorprendió por:


1) La cantidad de público cholulo, con libreta de caza autógrafos, que atiborraba cada una de las salas donde se presentaba algún hombre con chapa de intelectual.


2) Los patéticos desbordes tolerados ante el discurso de la vice de cultura, doña Magdalena Faillace, quien se permitió dar clase de oratoria, declamación y kircherismo mal entendido en el cierre oficial del dichoso congreso (¿o en el dichoso cierre del congreso oficial?).


3) Haber logrado que cincuenta inversionistas pongan en pie (y pongan 3 millones de pesos) el maravilloso Teatro del Círculo y que el intendente de Rosario haya resuelto destinar alguna partida presupuestaria para lavarle la cara a las fachadas más importantes de la ciudad.

 

¿Será necesario tanto catedrático de corbata ajustada y zapatos lustrados, y la alfombra roja para que la reina no se manche los suyos y demostrar que Rosario siempre estuvo cerca, para definir que la lengua española es poderosa en el mundo?

Nada nuevo bajo el sol. Ese es el magro resultado de este congreso y, seguramente, de los dos anteriores: en Zacatecas y Valladolid.

Participé del Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española en calidad de congresista y como acreditada de prensa. Eso me permitió observar el maltrato que se le ha dado a los congresistas, la mayoría de ellos interesados que han pagado por asistir a las sesiones, y el espectacular centro de prensa que montaron dos empresas importantes de telecomunicaciones que terminaron peleándose por quién la tenía más grande o ponía el cartel de auspicio en mejor ubicación.

Este congreso fue el de más periodistas acreditados, el que más publicó recibió y, probablemente, el que menos dudas dejó planteadas. No falló en esto el gobierno argentino, ni sus autoridades, mucho menos los técnicos asignados o los panelistas convocados para representarnos. En realidad, nada falló, todo salió como estaba planeado. Hay unos 400 millones de hispano parlantes, tanta gente hablando un idioma parecido, aunque con matices bien diferentes, nos coloca en la posibilidad de pelearle de igual a igual al inglés. No sé muy bien que beneficios puede traer ganarle al inglés, que perjuicios trae que haya algunos millones más que lo hablen, ni que esperan lograr elaborando tan bellos discursos, pero el congreso: un éxito, las promotoras de lo más bello que se ha visto en los últimos tiempos y las instalaciones dignas del primerísimo mundo. Poco problema de sonido, ningún fotógrafo pasándose de la raya, ninguna raya de la que un fotógrafo quiera pasarse y la fiesta en paz.

La pregunta es: ¿para qué?

Otra opción: ¿por qué?

Ahí se me ocurren varias respuestas, pero no quisiera provocarme problemas legales y de los otros.

También deberíamos preguntarnos: ¿qué cambió?

La respuesta es tan clara como contundente: nada.


 

Diario de una corresponsal en peligro de lengua



Primer día

Rosario está linda. Hay sol, pero no hace calor. Tampoco frío. A la noche toca Mariano Mores en la explanada del Monumento a la Bandera. Voy a ir solamente porque a mi abuelo le gustaba, creo que le gustaba. ¿Le gustaba a mi abuelo Mariano Mores?

Me dieron acreditación doble, como prensa y como congresista. Eso significa que si quería ver dónde lucía más pelotuda la reina, si en vivo o por tevé, podía hacerlo. Elegí no hacerlo de ninguna manera, es que no me interesa ver a la reina ni en figuritas.

Hace un rato entré como congresista. La ventaja de estar sola es que quedan lugares sueltos adelante donde es posible acomodarse para ver de cerca las boludeces que tienen para decir los distintos presidentes de las distintas academias de las letras. Digo ver porque escuchar no escuché nada que merezca la pena. Lo más divertido: las acotaciones de un español que tenía detrás que se reía sin pudores de las huevadas de la ponencia de su compatriota que duró exactamente 30 minutos (la risa sin pudores del compatriota y la ponencia estéril del académico).

Ahora deben estar debatiendo, pero en la sala de prensa, que queda en el tercer piso por escalera, brindará una conferencia Carlos Fuentes (claro que a él lo suben en un moderno aparato de nombre ascensor). De manera que tengo que decidir si prefiero subirme los tres pisos o mirar desde algún palco como gente de relevante prestigio cultural debate si vaca se escribe con v o con b (si v es v corta o v baja y si b es b larga o b alta) y si decir shopping nos quita la identidad o es que ya la habíamos perdido (o vendido en cómodas cuotas) cuando les dimos el manejo de los paseos de compras y algunas otras cosas más. Bah, creo que eso no lo discutirán ni en la sobremesa de la cena: se sienten con gran identidad los que andan por aquí. Todas las mujeres con trajecito Channel; todos los varones de riguroso traje. Las promotoras parecen mayoría y andan con cara de susto, temen que les formulen alguna cuestión intelectual a la que no puedan responder, en realidad les preguntas "¿dónde es el baño, chabona?" y tampoco saben. Ellas ven a un hombre mayor, entre cano y portando lentes e inmediatamente lo acomodan en las filas destinadas a escritores: no conciben un poeta sin barba y un narrador sin bastón y no las culpo: las academias de letras no otorgan prestigio a niños menores de 70 años.

En Rosario la gente no tiene nombres. Es "la señora de Verde" que no es una señora que está casada con el señor Verde, sino una mina de prensa que viste un conjunto color verde agua. Otro se llama "El señor de entradas incipientes" en realidad es Julio López, el simpatiquísimo ministro de prensa de la Nación (sé que no existe ese rango, semejante ministerio, pero el señor de entradas incipientes se siente ministro y no seré yo quien le niegue la ilusión), la chica indicada, la que te podrá facilitar esa información que tanto necesitás es "cualquier chica de camisa blanca..." ¡Todas tienen camisa blanca!

Hay actividades "para" congreso a las que intentaré ir, por lo menos a una charla que dará Héctor Tizón y creo que no me da el tiempo para el congreso paralelo aunque intentaré darme una vuelta en algún momento.

El hotel tiene sauna, solarium, Internet y son todos muy serviciales. Me gustaría que también tuviera tiempo el puto hotel porque yo no tengo tiempo ni para bañarme, mirá que voy a ir al sauna. Tal vez con sauna se referían a la peatonal San Martín. ¡Hace una calor!

El custodio que no deja pasar a nadie que no tenga credencial de prensa a la sala de prensa que queda en el tercer piso, por escalera, también es muy servicial y se ríe de quienes tienen que subir y bajar para hacer no sé qué; están todos escribiendo en las computadoras especialmente dispuestas. Todos anotando horarios de almuerzos y meriendas gratis. No escuché a nadie preguntar por algún escritor, parece que lo relevante es el trajecito shocking de Doña Kirchner y la cancha que tiene nuestro Presi para romper protocolos. Hay algunos funcionarios y algunos periodistas españoles que hubieran preferido que se rompiera el avión con el Presidente adentro, antes de que éste se atreviera a desatender el protocolo real. ¡El inalterable protocolo de la realeza! Puede que a Kirchner le atrase el reloj hora y media, pero estos amigos de la comunidad europea atrasan tres siglos: la reina cumple el protocolo, el rey no habla si no es para pronunciar un discurso, en 24 horas son capaces de conocer a cuatrocientas personalidades del mundo entero. Se levantan en Madrid, se desayunan en Rosario de qué va el cojonudo congreso, almuerzan en la Bolsa de Comercio, cambian dinero en la olla popular y cenan con Gabriel García Márquez, que no quiso venirse hasta Rosario, en Cartagena de Indias, donde tienen la brillante idea de que el cuarto congreso sea allí mismito, para que Gabito pueda estar presente. La cuestión es que el custodio es gracioso. Le pregunté si había estudiado para granadero que estaba ahí parado todo el día y me dijo que él, simplemente, había aceptado un trabajo de custodio. Le dije que era más divertido estar ahí que sentado en el Teatro del Círculo escuchando las pelotudeces que se trajeron para decir los representantes de las academias de letras del universo. Me miró sin comprender, como si yo fuera la que no entendía el privilegio por estar del otro lado, pero el que no entiende que el privilegio fue suyo, es él.

La señora de Verde, que está tan estresada que no puede sonreír protocolarmente ante un chiste, le dijo a un chabón que ella no acreditaba vehículos, acreditaba personas y yo aproveché el pie: "Estamos de parabienes porque aunque a veces me chiflan “camión”, te juro que soy persona, ¿sabés a dónde están mis carpetas?" Me miró extrañada y me dio copia del discurso del rey y de Kirchner. “¿Y de los escritores?”, pregunté. “Ah, esas no las tenemos”.

Todavía ni promedia el primer día y ya empiezo a preguntarme qué hago acá, cuándo termina este suplicio y por qué no preferí ir caminando a Luján. Como si fuera poco, Carlos Fuentes suspendió la conferencia de prensa y a mí me da no sé qué. Soy la única a la que le da cierta lástima, sólo cierta porque en realidad nunca me gustó demasiado Fuentes, tiene nombre de lapicera. Me encontré con un amigo que está cubriendo el mega congreso para la agencia EFE y me confirmó lo que me temía: lo único que les interesa es Sofía, un poquito el rey de bastos y el menú, fundamental saber que comieron sus altezas (no las mías, por suerte). Y no es joda, te lo juro, parece que la Reina pidió ¡Lenguado! No, si está en todo la doña, en el congreso de la lengua: lenguado. Parece chiste gallego, pero comió eso cuando el resto prefirió centolla fueguina, como estaba previsto.

Escuché algunas ponencias y eran tan aburridas que me hizo reír Tomás Abraham que siempre me pareció un descolocado. No es que haya dejado de parecerme nada, ni que lo que me parezca tenga algún tipo de importancia pero el tío dijo algo así como que le argumenten lo que le argumenten, él no habla español, habla castellano, en el peor de los casos argentino. Por lo menos obligó a los otros a contestar. Uno respondió: “¿Y qué quieres que le haga, guapo? ¡Yo hablo español porque nací en España!” ¡Gilipollas! Lo dicho, que el nivel de debate fue de la hostia, macho.

Más tarde me fui a la charla abierta con Tizón. Encantador, Tizón. Es como escribe. Parece que hoy en el discurso habló de su mujer, la que con amor le salvó la vida cuando él ya se había resignado. El periodista le expresó que después de esa declaración se había convertido en el sex symbol (dejaremos pasar que dijo sex symbol cuando quedó clarísimo que debe decirse símbolo sexual que para eso tenemos una lengua tan rica, ¡joder!) de Rosario. Tizón sonrió y dijo: "Es cierto, provocó cierta sorpresa; La señora del presidente me comentó: "El que tengo yo nunca me dijo una cosa así".

En un rato empezará Mariano Mores. Nunca una Bersuit, unos Cafres, aunque sea un Fito Paez, un Piojo, un... No, ¡Mariano Mores! Quien, en definitiva, es más joven que el promedio que asiste a este congreso lingüístico.

 

Segundo Día.

Ante las dudas de media humanidad sobre si vale la pena o no mi viaje a Rosario digo: “No” y no me lo anden recordando e-mail por medio.

Aunque siempre es lindo caminar por Rosario y ni hablar probando distintos recorridos para ir desde el Teatro del Círculo al Centro Cultural Parque España una y otra vez para no perderse nada. Hoy comenzaron los panales simultáneos con lo cual se tienen dos opciones:

a) Escuchar un poco de todo

b) Perderse un poco de todo.

Cualquiera de las dos opciones conduce a una única posibilidad: no perderse absolutamente nada.

A la noche fui al Centro Cultural La Toma (sede del contra congreso, el de LaS LenguaS) donde participó Ernesto Cardenal. No se podía respirar, había gente por todos lados y calor por más lados todavía. Pero como hay que parir con el sudor de la frente, por fin descubrí a dónde estaba la gente joven de Rosario. El poeta nicaragüense leyó durante unos cuarenta minutos traducciones de poemas de lenguas en extinción. El lugar no está reciclado como el Teatro del Círculo, pero parecía igual de bonito.

Lo bueno que tiene Rosario es que te ponés a hablar con alguien, le preguntas a donde queda tal cosa y mientras te lo explica, te acompaña. Así que cuando salí de La Toma, le pregunté a una señora paquetona si el Teatro Broadway estaba muy lejos, me explicó como ir y me dijo que ya que se lo había hecho recordar intentaría entrar a lo de Saramago aunque sabía que no quedaban entradas. Cuando llegamos había dos cuadras de cola, la gente se quejaba porque tenía entradas, pero los funcionarios habían dejado pasar a gente muy destacable, aunque sin ubicación. Se cumplió, entonces, la ley física que dice que dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio, así que quienes no tenían amigos funcionarios, aunque sí localidades, se quedaron afuera. Traté de explicarle al señor de la puerta que, al igual que él, estaba trabajando, pero me cerró la puerta en la cara. En medio del tumulto un chico se calentó y empezaron a volar piñas. ¡Todo porque querían ver a Saramago! Le dijimos al adolescente que no valía la pena y al gorilón que se calmara y buscara a alguien que se hiciera responsable. Argumentó que no era su culpa. Pato Vica miraba extrañado. Le dije lo evidente, que le iban a romper la puerta. O se hacía cargo o buscaba a los que tenían que hacerse cargo. Mula, el gorilón: “No, no y no”. Al rato nos enteramos que un montón de gente quería ver otro espectáculo también anunciado a las 21, claro que nadie les había avisado que se había pasado a las 22.30. Una vieja le quería pegar al portero vica o pato gorilón que ya estaba a punto de llorar. La mujer reclamaba su derecho: “Quiero ver The Wall ahora”. Me conmovió la ridiculez de la mujer y le dije: "Escucheme, señora, ¿cómo va hacer para ver The Wall ahora si ahora está Saramago?, el tipo es un bruto pero no tiene la culpa, por qué no se tranquiliza, se va a tomar un tecito y vuelve a las 22.30". Aprovechando que el tipo estaba menos violento lo convencimos y pasamos. Otro pato vica, que protegía al principal, me dijo: “Se ve que lo tuyo es la perseverancia”. No respondí, pero me pregunté cuándo me llegaría la segunda parte del dicho: esa en donde te aseguran que triunfarás. El teatro estaba lleno como si cantara Luis Miguel, Saramago estuvo lúcido, agradecido y generoso con su tiempo. Nunca había visto un teatro llenísimo con gente aplaudiendo de pie durante 10 minutos a un escritor. Saramago también estaba sorprendido y no se quería ir. ¡Pero empezaba The Wall!, no justamente con Pink Floyd.

 

Tercer día

Hoy a las 9 Saramago comenzó la jornada participando del cierre oficial del Congreso de laS lenguaS en La Toma. De allí se corrió hasta El Círculo para homenajear a Ernesto Sábato. Causó gracia cuántas veces aclararon que no le daban el premio por sus valores literarios, que los tenía, sino por su don de gente, bla bla… Igual Saramago logró hacer emotivo el momento. Los cultos gritaban: “¡Sa-ba-to, Sa-ba-to!” Sábato ni siquiera habla ya y no ve bien, pobre viejo. Así que fue bastante penoso verlo subir al escenario. Las palabras de él eran grabadas y las pasaron mientras la cámara fija se empecinaba en mostrar a un hombre acabado que no podía con el peso de sus anteojos al que su colaboradora, Elvira González Fraga, le indicaba hacia dónde tenía que dirigir la mirada para saludar. El viejo lloraba y todos lloraban, muy hollywoodense, de la mano de la Senadora Kirchner con rímel indeleble. Yo también lloré, pero mi rímel no es de marca y se corre... Ahora queda el recital de las 17, el cierre a las 18 y se termina el circo, el mismo que en unas horas, se queda sin payaso… Pobre Torcuato, al final tenía razón.

Cuarto día

Bueh, noto que hay un día que se me pasó, pero no importa, fueron todos iguales.


Observé en primera fila, por tevé, en vivo, en directo y en diferido las pocas y magras conferencias de prensa y los debates (¿debates?) y me quedó la sensación de haber estado en otro congreso, mirando otro canal y “no” participando de otros debates. La prensa, por lo menos la argentina y la española, no trasmitió con sinceridad el motivo, los cuestionamientos y las conclusiones de un congreso que poco tuvo de debate, nada de autocrítica y fue más pompa que circunstancia. Los medios de comunicación reflejaron mucho mejor qué tal era el prendedor de oro y brillantes que la mujer del gobernador le obsequió a la reina Sofía que, por ejemplo, los disparates que pronunció el señor Gregorio Salvador, representante español quien, para contradecir a Ernesto Cardenal en su defensa de las lenguas aborígenes: “Cada lengua que muere es una visión del mundo que se pierde”, argumentó: “Necesitamos una lengua única y pujante, hablada por cuanta más gente mejor”, joder. No dijo joder, pero porque todavía no había recibido la moción de Fontanarrosa de hacer una amnistía a las malas palabras.

El negro estuvo fantástico, fue el único que se atrevió a subir al estrado en mangas de camisa y sacarles el almidón a los académicos señores regentes de la lengua española, castellana o como prefieran llamarla. Yo le agradezco profundamente su presencia, pues pasadas algunas horas, demasiadas para mi gusto, ya venía siendo tiempo de reír un poco. Y el negro sacó ventaja de local, apuntó derecho al arco y metió gol. Ahora, ¿que se haya convertido en lo más destacable del congreso? ¿Que haya reemplazado a Juan José Saer en la lección final?

Concepto general del congreso: identidad lingüística y globalización. Siempre sostuve, ya no me siento capaz ni de sostener una bandeja, que si hay algo con lo que acababa la globalización es con la identidad. Pero parece que la realeza lingüística todo lo puede. La idea es unificar el español para hacerlo fuerte ante el inglés. ¿Se reúnen los británicos con los norteamericanos para unificar su lengua? ¿Desde cuándo eliminar las diferencias otorga identidad? ¿Castellano o español? That is the question…

Los paneles sobre medios de comunicación giraron en torno a la cultura y a las variedades del español, en una de las ponencias editores de los suplementos culturales bregaron para defender desde estas trincheras los efectos negativos de la globalización.

Por un lado buscan apoyar a la diversidad, pero al mismo tiempo pujan por el consenso de un español neutro.

Juan Luis Cebrián, fundador del diario El País dijo: “El español neutro es un invento de las cadenas norteamericanas”. Digo yo, ¿para llegar a esta conclusión había que invertir tantos pesos, dólares y euros?