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Mariana Docampo

Mariana Docampo nació en Buenos Aires, 1973.  Es licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires.  Es narradora y poeta.  Coordina talleres de lectura y discusión de textos desde el año 2002. Colabora con críticas y artículos en diversas revistas literarias.  Publicó en el año 2001 el libro de cuentos Al borde del Tapiz (Editorial Simurg).

rumbo al molino

 

I.

- ¡es más peligroso por este lado!- exclama lucas kleimm señalando un tronco que atraviesa el río. las ramas se hunden en el agua cargadas de hojas. alrededor, los árboles se amontonan y suben los pequeños ratones hasta los nidos altos.

- crucemos por el manantial –dice gabriela kleimm arrodillada en la tierra, indicando a su hermano una cruz en el mapa.
el farol está encendido, a pesar de que aún no anocheció, y arroja una claridad tenue sobre el papel. un molino en miniatura está dibujado en un extremo, y varias flechas señalan el camino hasta allí.

- ese es el camino más largo –dice lucas - ya está anocheciendo. tenemos que tomar el atajo.

gabriela kleimm lo mira con terror.

- en el atajo está el estanque –dice.

- ¡hay que pasar por ahí! –exclama el hermano- no hay alternativa.
detrás de ellos se oye un crujido de hojas secas. es adela levertov, con sus tres cerdos.

los cerdos caminan pesadamente, y luego hunden sus patas en el pantano. adela los empuja con su vara.
- vamos, queridos cerdos –dice- hay que llegar al acantilado.
lucas y gabriela kleimm la miran sorprendidos.
- ¿quién eres? –pregunta lucas.
adela levertov no responde. revuelve en una cartera de lana y saca una bellota. la muerde. después la arroja adonde están los cerdos, y éstos saltan sobre la bellota, y luchan con sus hocicos para atraparla. se muerden y se chupan entre ellos.
- ¿son tus cerdos? – pregunta gabriela kleimm.
- son los cerdos del pescador. yo los cuido.
adela mira los cerdos y luego mira al cielo.
- me tengo que ir –dice- es tarde.
empuja con su vara los cerdos y éstos se ponen de pie. chapotean en el barro y salen del pantano, dejando en la tierra la marca de sus pezuñas.
- ¿ustedes hacia dónde van? –pregunta adela levertov, y hace un gesto sensual con su boca.
- vamos al molino – responde lucas kleimm.
- es más corto por el estanque – dice adela - pero apúrense porque ya llega la noche.
gabriela siente un estremecimiento en todo el cuerpo y toma la mano de su hermano. se aprieta a él.
adela levertov se va. tres ratones suben por el tronco de un árbol.

 

II.

ya anocheció. lucas camina adelante con el farol. alumbra poco. de todos modos la noche está clara. colmada de estrellas y con luna llena. hacia arriba, entre los árboles delgados y gigantes, se ven los picos del campanario. una lluvia de hojas cae al menor soplo del viento.
- mamá se va a enojar- murmura lucas, y suelta la mano de su hermana.
gabriela se tropieza con unas piedras y cae en la tierra. lucas se detiene. la alumbra con el farol.
- perdí el anillo–dice ella.
lucas apoya el farol sobre la tierra y revuelve entre los pastos. sobre una hoja redonda encuentra el anillo. se lo coloca en el dedo a gabriela. ella se acerca a él. lucas siente la respiración de su hermana muy cerca suyo. la besa en la boca.
se apaga el farol.
- ¿quién anda ahí? –dice una voz.
lucas cubre el cuerpo de su hermana y mira hacia la luz de mi linterna, que los alumbra. mis perros se desbocan y aúllan. hace frío.
- ¿están perdidos? –pregunto apuntándolos con mi rifle.
ellos tiemblan.
- vamos al molino –dice lucas kleimm.
- es imposible pasar por aquí. ahí está el estanque.
ellos miran adelante. dos caballos pastan al lado del estanque del bosque y la luz de la luna cae sobre el pasto, como a través de un embudo. sobre una piedra duerme un gato.
- es bonito –dice gabriela kleimm, rodeando con su brazo la cintura de su hermano.
- no hay forma de cruzar por aquí –les digo- éstas son tierras del régimen. tienen que ir por el río. sigan el alambrado cuesta abajo, y crucen por la última cañería del desagüe beresford.
ellos me miran.
los apunto con mi rifle y les disparo entre las piernas.
- obedezcan –digo.
ellos salen corriendo. esquivan las balas.
se olvidaron el farol.
- será mejor que no vuelvan por aquí –murmuro. los perros ladran y saltan rabiosamente, como si quisieran salirse de las correas.
me voy. los ratones trepan a las ramas altas. algunos caen desde arriba como bellotas.

 

III.

hacia el molino va la caravana róspik. llevan en andas las camillas con los enfermos, y van los paralíticos con bastones de cristal. cruzan el río al atardecer, y acampan en el baldío para seguir viaje con el primer rayo de sol. a unos metros está el campo de girasoles. hay abejas y moscas. el líder clava el banderín y las mujeres y los ancianos van a lavar las cacerolas al río. frotan con tierra los recipientes y los enjuagan en las espumas del desagüe. idomeo rospik pone una cantimplora a enfriar en el agua. la ajusta entre unas piedras. se quita la gorra y se seca la transpiración de la frente. mira al cielo. está azul y hay bandadas de pájaros que cruzan hacia el oeste.
- ahí está el campamento –dice lucas kleimm a su hermana, asomándose detrás de un árbol caído.
ella se abraza a él.
- no deben descubrirnos –dice pegando su boca al cuello de su hermano- nos enjaularán y nos llevarán al desierto.
- no te preocupes. cruzaremos el camino de los girasoles hasta la ruta, y allí nos levantarán los camiones de frutillas que van a los mercados.
- mamá se va a enojar –dice gabriela, y se separa del cuerpo de su hermano.
lucas kleimm mira a sus costados.
- perdimos el farol –dice.
su hermana lo mira con terror. después se recompone. sonríe.
- ¡vamos por aquí! –dice tomándolo de la mano, y se pone a correr agachada hacia los girasoles. queman los rayos de sol. los girasoles les tapan la cabeza así que al llegar a ellos, caminan erguidos. ven a julio rospik, desarmando su carpa. luego apaga el fuego con su zapato y se pone a silbar. adelante, alguien grita:
- ¡salimos en quince minutos!
lucas y gabriela kleimm caminan más despacio. los tallos de los girasoles son finos, y apenas pueden disimular sus cuerpos detrás de las hojas. se mantienen quietos en el lugar. ven como julio rospik carga los bultos en su auto, estacionado a unos metros. es un ford falcon blanco. carga un sol de noche también, y los rifles.
- esperemos a que se vayan – dice gabriela, apretándose al cuerpo de su hermano.
dos mujeres con muletas suben al auto. julio cierra la puerta y entra adelante. arranca.
un vapor gris sube sobre los girasoles.

 

IV.

- la caravana rospik irá por la ruta –dice gabriela con preocupación. está sentada en una roca, y desplegó el mapa sobre la tierra –tenemos que retroceder, y cruzar por el manantial.
lucas kleimm está unos pasos adelante, removiendo los carbones apagados con una vara. las marcas que dejaron las carpas rodean las maderas quemadas y las piedras del fogón. hay olor a cenizas.
- volverá a sorprendernos la noche en el bosque –dice, girando el rostro hacia su hermana –y estamos sin farol.
- ¿y si volvemos? –pregunta gabriela asustada.
- te das por vencida – dice el hermano, caminando hacia ella.
gabriela kleimm lo mira. un escalofrío recorre su cuerpo.
- ¿y si volvemos? –repite, como si hablara para sí.
el hermano no contesta. se acerca.
- mamá se va a enojar –dice, y sus ojos se vuelven sombríos.
gabriela está temblando.
lucas le toma la mano. se acerca. siente la respiración de su hermana sobre su rostro. tiene la mirada perdida dentro suyo.
- ¿quién sos? –pregunta de pronto.
gabriela está aterrorizada.
él suelta la mano. el cielo se nubla.
un viento frío zumba sobre los girasoles.

 

V.

lucas retrocede. observa en su dedo un anillo idéntico al que tiene su hermana.

se larga a llover. se forman charcos en la tierra y se abren canaletas por las que corre el agua. los ratones caminan mojados entre los pies. salen de adentro de los troncos del fogón.
ella se levanta y corre hacia él. se aprieta a su cuerpo. lo besa con pasión. siente la lengua de su hermano adentro de su boca. los dientes.
(el aire está oscuro)
las cañerías del desagüe se enroscan hasta el río y vuelcan espumas sucias que se mezclan con hojas y con ramas. en la otra orilla, corriente arriba, las copas de los árboles se balancean hacia un lado y hacia el otro. algunas lianas caen, lentas, sobre los pastos brillantes.
gabriela kleimm mira a su alrededor. el agua fue formando piletas en el barro y los rodea.
- ¿y si anochece? –pregunta asustada, pegada al cuerpo de su hermano.
él no contesta.
más allá hay latas y cáscaras semienterradas, y hondonadas adonde van los cerdos a dormir. los relámpagos rompen en el aire y lo quiebran en pedazos luminosos. hay moscas.
gabriela da un paso adelante y hunde su pie en el barro. el mapa sigue sobre la tierra, apretado a ella con montoncitos de piedras. la lluvia cae sobre el papel. lo arruga. la tinta se corre. gabriela se sienta en la roca. alisa el papel con su mano y saca las piedras que lo pisan. levanta sus ojos hacia lucas kleimm.
- ¿vamos por el desierto?– pregunta.
él se pone de rodillas junto a su hermana.
- no hay comida ni agua en el desierto –murmura.
- no tenemos alternativa– dice gabriela kleimm tiritando.
lucas mira el mapa. desliza su dedo sobre unas flechas marcadas en un extremo que cruzan un desierto en miniatura.
- iremos por las vías hasta el cruce de los caminos –dice- y tomaremos la última avenida del barrio del sol, hasta el primer molino.
gabriela kleimm dobla el mapa en cuatro.
se ponen de pie.
la lluvia se derrama alrededor. los girasoles brillan con cada relámpago.
lucas y gabriela kleimm se toman de la mano.
(los ratones vuelven al fogón)
adelante, la llanura flota en el aire oscuro. como una lámpara.