Entrevista a José María Muscari

José María Muscari

 

"No me interesa ni impactar,
ni transgredir, ni quebrar nada"

 

 

 

 

 

Por Gerónimo Grillo

 

 

¿Cómo ve el panorama del teatro en la actualidad?

El teatro está en ebullición. Lo veo vivo. Lo veo muy plural, muy macro, en miles de direcciones desde Veronese hasta Sofovich, pasando por el San Martín, todos generamos y mucho. Bueno, malo, regular, pero generamos. Eso está bien. Me gusta ser parte de una corriente creadora que se caracteriza por la pulsión. Creo que el panorama actual es de pulsión ferviente y teatral. Teatro en todos sus rubros y para todos los gustos. No es poco.

¿Está muriendo el dramaturgo “puro”, dado que muchas de las obras en cartel son dirigidas por el propio autor?

No lo creo. Creo que el dramaturgo “puro” sigue existiendo y existirá. Sí creo, que los dramaturgos “impuros”, los teñidos por la actuación o la dirección, como mi caso, estamos reproduciéndonos como peces en el agua, por propio deseo de hablar desde varios frentes de eso que no queremos dejar de decir. Pero ni una cosa, ni la otra. La mezcla, la mezcla de lo de antes con lo nuevo, como siempre, como fue eternamente y como debe ser en mi humilde forma de ver y mirar.

En su papel de dramaturgo y director (y algunas veces actor), ¿Cómo juegan estos roles en el momento en que la obra es montada y los actores comienzan a materializar sus personajes? ¿La obra va cambiando a lo largo de los ensayos?

No conozco otra forma de trabajar. Mis obras no solo mutan en los ensayos, sino también en las funciones. Mezclo, edito, altero, mejoro, pulo el texto, la actuación, la dirección, el rumbo de mis obras; incluso con meses o años de funciones, lo sigo haciendo, lo considero necesario desde pequeños e imperceptibles arreglos o modificaciones, hasta tamaños como recortar textos, cambiar escenas, actores o signos. Todo al servicio de una mentirosa e inalcanzable perfección.

En el montaje de sus obras ha pasado con mucha flexibilidad de salas off a salas de tipo comercial ¿Cuáles son las diferencias, si las hay, entre ambas y cómo afecta el desarrollo del montaje?

Creo que en el off y el comercial, al menos en mi caso, mi producción y mi experiencia, no es más que un mecanismo de producción. Nunca fue modificante del contenido, el lenguaje o el rumbo de una propuesta escénica. Puedo dialogar con público del Maipo y también con el hiper off del Abasto como “Shangay”, que sufrió esas transformaciones, no alterando el producto en sí, o puedo crear un espectáculo como “sensibilidad” de próximo estreno en el archi under del Parque Chacabuco y ahora aprestarme a estrenarlo oficialmente y con gran alegría bajo las galas del Centro Cultural Borges, con el placer y la diversión de quien come helado en pleno invierno de Alaska o en el verano de Cancún.

¿Considera que en el montaje de sus obras busca impactar al espectador por las temáticas que aborda y la estética que utiliza?

Para nada. No me interesa ni impactar, ni transgredir, ni quebrar nada. Mis espectáculos sólo son el fiel reflejo de mi humor, mi dolor y mis sensaciones frente a determinados temas. Nada más simple y más inocente que ello.

¿De dónde surgió la imagen para escribir la obra “Piel de Chancho”?

De un domingo almorzando en familia con mi abuela. Ella escuchó que mi mamá dijo:”eso tiralo”, refiriéndose a un poco de comida sobrante. A las dos horas me acosté a dormir la siesta con ella y me dijo: “oíste a tu mamá. Dijo que me tiren”, y ahí el mecanismo del dolor y la vejez, el miedo al desuso y el maltrato, se manifestó de manera tan clara, feroz y tortuosa, que no pude dejar de escribir hasta estrenarla.

¿Cómo fue que imaginó a María Aurelia Bisutti para el papel de Nana en Piel de Chancho?

Porque vi su película “Con alma y vida” en Volver y la vi hacer allí cada cosa que dije: “si esta mujer hace tantos años se animaba a esto, mi teatro le parecerá ingenuo”. Y dicho y hecho, allí está ella actuando de maravillas cada sábado y domingo en el Teatro del Pueblo.

¿Cuál es la función del teatro en esta etapa que muchos apodan de “posmodernismo”?

No lo sé. Creo que al menos mi teatro sólo tiene la función de ayudarme a ser feliz, a mí y a quienes lo hacen conmigo. Ojalá eso repercuta en otros con el mismo grado de pasión y felicidad. Sólo eso sería una gran función

¿Considera que ya se ha instalado una “estética Muscari”?

Sí, inconscientemente, sí un texto, una forma de actuarlo, una idea estética que hace que lo mío sea muy mío. Me cuesta conceptualizar sobre ella, pero es evidente qué tipo de actrices o actores me seducen y cuáles no, o qué cosas me interesan en el artificio como protagonistas (luces, música, escenografía, vestuario, gráfica, diseños webs, etc.) y no son sólo un envoltorio de mi propuesta. Creo que la estética de lo que hago, la sala donde se representa, el horario, la forma que elijo de comunicarlo, todo me construye a mi pesar. No creo en el azar y no me interesa que en mis creaciones haya cosas libradas a él. Eso creo configuró una estética muy propia sin habérmelo propuesto.